El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris En la escuela, donde Jem era caudillo, Walter no era demasiado tenido en cuenta. Se suponía que era «afeminado» y poco varonil porque nunca peleaba y rara vez se unía a los deportistas de la escuela, prefiriendo irse solo a rincones apartados a leer libros, en especial libros «de versos». Walter adoraba la poesía y absorbía poemas enteros desde que aprendió a leer. La música de los poetas se entretejía en su alma en crecimiento: la música de los inmortales. Walter abrigaba la ambición de ser poeta algún día. Podía ser posible. Había un tal tío Paul —así llamado por cortesía— que vivía en ese misterioso reino llamado «los Estados Unidos»: era el modelo de Walter. El tío Paul había sido un pequeño escolar de Avonlea y ahora su poesía se leía en todas partes. Pero los niños de Glen no conocían los sueños de Walter y tampoco se habrían impresionado mucho de haberlos conocido. Sin embargo, a pesar de su falta de habilidades físicas, inspiraba un cierto respeto gracias a su capacidad de «hablar como en los libros». Nadie en la escuela de Glen St. Mary podía hablar como él. «Parecía un predicador», dijo un chico; y por esa razón, por lo general, lo dejaban tranquilo y no lo acosaban, como sucedía con la mayoría de los niños de quienes se sospechaba que no les gustaban o temían las peleas.