El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Walter Blythe estaba sentado bajo la Dama Blanca con un libro de poemas al lado, pero no leía. Miraba, con el éxtasis resplandeciendo en sus grandes ojos, ya los sauces envueltos en un aura color esmeralda junto al estanque, ya un grupo de nubes que, como ovejitas plateadas pastoreadas por el viento, avanzaban por encima del Valle del Arco Iris. Los ojos de Walter eran maravillosos. Toda la dicha, la pena, la risa, la lealtad y las aspiraciones de muchas generaciones que yacían bajo tierra miraban desde esas profundidades gris oscuro.
Walter era «la mosca blanca» de la familia en lo que hacía a su aspecto. No se parecía a ningún pariente conocido. Era el más guapo de los niños de Ingleside, con sus cabellos negros y lacios y sus rasgos delicados. Pero tenía la vivida imaginación y el apasionado amor por la naturaleza de su madre. Las heladas del invierno, la invitación de la primavera, el sueño del verano y el encanto del otoño tenían un gran significado para Walter.