El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris A pesar de su nuevo punto de vista, la señorita Cornelia no pudo evitar sentirse algo turbada ante la siguiente hazaña de los niños de la rectoría. En público sobrellevó la situación de manera espléndida, diciéndoles a todos los chismosos la esencia de lo expuesto por Ana en la época de los narcisos y diciéndolo de manera tan intensa y tan convencida que aquellos que la escuchaban se sorprendían, sintiéndose un poco tontos y comenzando a pensar que, después de todo, estaban dándole demasiada importancia a una travesura infantil. Pero en privado, la señorita Cornelia se permitía el alivio de quejarse con Ana.
—Querida Ana, celebraron un concierto en el cementerio el jueves pasado, mientras se llevaba a cabo la reunión de oración de los metodistas. Sentados allí, sobre la tumba de Hezekiah Pollock, cantaron una hora entera. Claro que, según tengo entendido, en su mayoría eran himnos religiosos, y no habría sido tan malo de no haber hecho nada más. Pero me dijeron que finalizaron con Polly Wolly Doodle a toda voz, y fue justo cuando el diácono Baxter estaba orando.
