El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Ay, señora Clow —balbuceó Faith—, ¿está muerta? ¿La hemos matado?
—¿Qué le pasa a mi hija? —preguntó el padre, pálido.
—Creo que se ha desmayado —dijo la señora Clow—. Ah, aquà está el doctor, gracias a Dios.
A Gilbert no le resultó nada fácil hacer reaccionar a Una. Trabajó largo rato antes de que ella abriera los ojos. Entonces la llevó a la rectorÃa, seguido de Faith, que sollozaba histéricamente del alivio.
—Tiene hambre, nada más, no ha comido nada hoy, ninguno de nosotros ha comido; estábamos ayunando.
—¡Ayunando! —exclamó el señor Meredith, y «¿Ayunando?», preguntó el doctor.
—SÃ, para castigarnos por haber cantado Polly Wolly en el cementerio.
—Mi niña, yo no quiero que os castiguéis por eso —dijo el señor Meredith, apenado—. Ya os he reprendido, os arrepentisteis y os perdoné.
—SÃ, pero tenÃamos que ser castigados —explicó Faith—. Son las reglas de nuestro Club de la Buena Conducta, ¿sabes?; si hacemos algo mal, o cualquier cosa que pueda perjudicar a nuestro padre con su congregación, tenemos que castigarnos. Nos estamos educando a nosotros mismos porque no tenemos a nadie que nos eduque.
El señor Meredith gimió, pero el doctor se levantó con expresión de alivio.