El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —No sé. Estaba buscando debajo de las lilas en el jardÃn, tratando de ver si ya habÃa florecido algún lirio. Estaba oscuro como boca de lobo y de pronto vi algo que se movÃa y hacÃa ruido al otro lado del jardÃn, donde están los cerezos. Era blanco. Os digo que no me quedé a mirar una segunda vez. Salà volando por encima del terraplén a todo lo que me daban las piernas. Estoy segura de que era el fantasma de Henry Warren.
—¿Quién era Henry Warren? —preguntó Di.
—¿Y por qué tenÃa que tener un fantasma? —preguntó Nan.
—Caramba, ¿nunca habéis oÃdo la historia? Y eso que os habéis criado en Glen. Bien, esperad un minuto a que recupere el aliento y os la contaré.
Walter se estremeció de placer. Adoraba las historias de fantasmas. El misterio, los dramas, el miedo, le provocaban un temible e intenso placer. Longfellow se volvió de inmediato insulso y ordinario. Apartó el libro y se estiró, apoyado sobre los codos, para escuchar con sus grandes y luminosos ojos clavados sobre la cara de Mary. Mary habrÃa deseado que no la mirara de esa forma. SentÃa que podrÃa contar mejor la historia de fantasmas si Walter no la mirase. PodrÃa agregar algunos adornos e inventar algunos detalles artÃsticos para ensalzar el horror. Tal como estaban las cosas deberÃa limitarse a la verdad desnuda o a lo que le habÃan contado como la verdad.