El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Jem no estaba. Jem ahora pasaba las tardes estudiando en la buhardilla de Ingleside para su examen de ingreso. Jerry estaba cerca del estanque, pescando truchas. Walter les habÃa estado leyendo los poemas marÃtimos de Longfellow y estaban todos sumidos en la belleza y el misterio de los barcos. Entonces hablaron de lo que harÃan cuando fueran grandes, adonde viajarÃan y las lejanas y hermosas tierras que verÃan. Nan y Di irÃan a Europa. Walter ansiaba ver el Nilo quejándose entre las arenas egipcias y la Esfinge. Faith opinó, algo desolada, que suponÃa que ella tendrÃa que ser misionera; la anciana señora Taylor le habÃa dicho que eso era lo que tenÃa que ser; al menos verÃa la India o la China, aquellas tierras misteriosas del Oriente. El corazón de Carl se inclinaba por las selvas africanas. Una no decÃa nada. Pensaba que le gustarÃa sencillamente quedarse en casa. Aquello era más bonito que cualquier otro lugar. SerÃa espantoso cuando todos crecieran y tuvieran que desparramarse por el mundo. Sólo pensarlo la hacÃa sentir sola y llena de nostalgia. Pero los otros siguieron soñando encantados hasta que llegó Mary Vance y echó por tierra toda la poesÃa y todos los sueños cayeron de un solo golpe.
—Puff, estoy sin aliento —exclamó—. Vine corriendo como una loca por la colina. Me di un susto impresionante en la vieja casa de los Bailey.
—¿De qué te asustaste? —preguntó Di.