El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Grandes y aterciopeladas nubes color púrpura se juntaron en el oeste y se extendieron sobre el valle. No había viento y todo quedó de pronto súbita, extraña y desagradablemente quieto. El pantano estaba lleno de miles de luciérnagas. Seguramente, las hadas habían sido convocadas para alguna conferencia. En términos generales, el Valle del Arco Iris no era en esos precisos momentos un lugar muy confortable.
Faith miró con temor, valle arriba, hacia el viejo jardín de los Bailey. Y se le heló la sangre en las venas. Los ojos de Carl y de Una siguieron la atónita mirada de Faith y un estremecimiento les recorrió la espalda a ellos también. Pues allí, bajo el gran alerce, en el derruido terraplén cubierto de hierba del jardín de los Bailey, había algo blanco, algo blanco y sin forma en el creciente crepúsculo. Los tres Meredith se quedaron sentados allí, mirando, como convertidos en piedra.
—Es… es la ternera —susurró al fin Una.
—Es… es demasiado grande para ser la ternera —susurró Faith. Tenía los labios y la boca tan resecos que apenas podía articular las palabras.
De pronto, Carl lanzó una exclamación.
—Viene hacia aquí.