El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —No veo por qué debemos ser castigados —protestó Faith, algo enfurruñada—. No hicimos nada malo. No pudimos evitar asustarnos. Y a papá no le perjudicará. Fue sólo un accidente.
—Fuisteis cobardes —dijo Jerry con sentencioso desprecio—, y os rendisteis ante la cobardÃa. Por eso tenéis que ser castigados. Todos se reirán de vosotros por lo sucedido y eso es una vergüenza para la familia.
—Si supieras lo espantoso que fue —se quejó Faith con un estremecimiento—, dirÃas que ya fuimos suficientemente castigados. No pasarÃa otra vez por lo mismo por nada del mundo.
—Yo creo que si tú hubieras estado allÃ, también habrÃas salido corriendo —murmuró Carl.
—De una vieja y una sábana de algodón —se burló Jerry—. ¡Ja, ja, ja!
—No parecÃa una vieja —exclamó Faith—. Era una cosa grande, inmensa y blanca, que reptaba por la hierba como dijo Mary Vance que hacÃa Henry Warren. Puedes reÃrte, Jerry Meredith, pero se te habrÃa congelado la risa en la garganta si hubieras estado allÃ. ¿Y cómo vamos a ser castigados? A mà no me parece justo, pero veamos qué tenemos que hacer, juez Meredith.
