El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Según yo lo veo —dijo Jerry frunciendo el entrecejo—, Carl fue el más culpable. Fue el primero en salir corriendo, si no me equivoco. Además, es varón, y tendrÃa que haberse quedado a protegeros fuera cual fuese el peligro. Estás de acuerdo, ¿no, Carl?
—Supongo que sà —gruñó Carl, avergonzado.
—Muy bien. Éste será tu castigo. Esta noche te sentarás en la tumba del señor Hezekiah Pollock, solo en el cementerio, y te quedarás ahà hasta las doce de la noche.
Carl se estremeció. El cementerio no quedaba muy lejos del viejo jardÃn de los Bailey. SerÃa una prueba dura. Pero Carl estaba ansioso por lavar su vergüenza y probar que no era ningún cobarde, después de todo.
—Muy bien —dijo con valor—. Pero ¿cómo sabré que son las doce?
—Las ventanas del estudio están abiertas, oirás el reloj. Pero cuidado con moverte del cementerio antes de que dé la última campanada. En cuanto a vosotras, niñas, tendréis que olvidar la mermelada en el almuerzo durante una semana.