El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris El señor Meredith no las había visto, pero no iba caminando en su usual distraída ensoñación. La señora Davis acababa de contarle la historia de Carl y la anguila. Estaba muy indignada. La anciana señora Carr era su prima tercera. El señor Meredith estaba más que indignado. Estaba herido y enfadado. No pensaba que Carl fuera capaz de algo así. No solía ser severo con travesuras por descuido u olvido, pero aquello era distinto. Era desagradable. Al llegar a casa encontró a Carl en el jardín, estudiando con paciencia los hábitos de una colonia de avispas. El señor Meredith lo llamó al estudio, lo interrogó y, con una expresión tan severa como jamás antes le habían visto sus hijos, le preguntó si la historia era verdadera.
—Sí —dijo Carl, ruborizándose, pero sosteniéndole valientemente la mirada.
El señor Meredith gimió. Había tenido esperanzas de que fuera, cuanto menos, una exageración.
—Cuéntamelo todo —ordenó.