El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Una subió a su habitación. Carl y Faith iban camino, bajo la temprana luz de la luna, del Valle del Arco Iris, pues habían oído el sonido mágico de la armónica de Jerry y supieron que los Blythe estaban allí preparándose para divertirse. Una no tenía ganas de ir. Primero se fue a su cuarto, donde se sentó sobre la cama y lloró un ratito. No quería que nadie ocupara el lugar de su querida madre. No quería una madrastra que la odiara e hiciera que su padre la odiara. Pero papá era tan desesperadamente desdichado que, si ella podía hacer algo para que fuera feliz, debía hacerlo. Había una sola cosa que podía hacer, y lo había sabido en el momento mismo en que dejó el estudio. Pero era algo muy difícil de hacer.
Después de llorar hasta no poder más, Una se secó los ojos y fue al cuarto de huéspedes. Estaba oscuro y bastante húmedo, porque hacía tiempo que no se levantaba la cortina ni se abría la ventana. La tía Martha no era amiga del aire fresco. Pero como a nadie se le ocurría nunca cerrar una puerta en la rectoría, no importaba mucho, salvo cuando algún desdichado pastor iba a pasar la noche y se veía obligado a respirar la atmósfera del cuarto de huéspedes.
