El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Una se escabulló. Le ardía el corazón por consolar a su padre. Tan sigilosa como un ratoncito gris, abrió la puerta del estudio y entró. La habitación estaba a oscuras a esa hora del crepúsculo. Su padre se encontraba sentado ante el escritorio. Estaba de espaldas a ella, con la cabeza entre las manos. Hablaba solo, con palabras quebradas, angustiosas, pero Una oyó, oyó y comprendió, con la súbita iluminación de los niños sensibles y sin madre. Tan sigilosamente como entró, volvió a salir y cerró la puerta. John Meredith siguió expresando en palabras su dolor en lo que creía una soledad no perturbada.