El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Carl echó la cabeza hacia atrás y, sin amilanarse, tendió la mano. Pero no era mayor y no podÃa disimular el miedo que se le veÃa en los ojos. El señor Meredith miró esos ojos… eran los ojos de Cecilia… los mismos ojos… y en ellos habÃa la misma expresión que él habÃa visto en los ojos de Cecilia una vez que fue a contarle algo que habÃa tenido un poco de miedo de decirle. AllÃ, en la carita de Carl, estaban sus ojos; y seis semanas atrás él habÃa pensado, durante una noche terrible e interminable, que aquel muchachito se iba a morir. John Meredith arrojó la vara al suelo.
—Vete —dijo—. No puedo azotarte.
Carl voló al cementerio, sintiendo que la expresión de su padre era peor que cualquier paliza.
—¿Tan pronto? —preguntó Faith. Una y ella habÃan estado de la mano y con los dientes apretados sobre la tumba de Pollock.
—No… no me ha pegado —dijo Carl con un sollozo—, y… quisiera que lo hubiera hecho; ahora está ahà adentro, sintiéndose muy mal.