El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Me olvidé —dijo Carl—. Además, no pensé que tuviera ninguna consecuencia. No sabÃa que se habÃa lastimado las piernas. Pero me azotarán y eso pondrá las cosas en su lugar.
—¿Dolerá… mucho? —preguntó Una cogiendo la mano de Carl.
—Oh, no, no mucho, supongo —dijo Carl, valeroso—. De todas maneras, no voy a llorar, por más que duela. Papá se sentirÃa muy mal si lloro. Ahora está muy afligido. Ojalá pudiera azotarme yo mismo bien fuerte para que no tuviera que hacerlo él.
Después del almuerzo, en el cual Carl comió poco y el señor Meredith nada en absoluto, los dos fueron en silencio al estudio. La varita estaba sobre el escritorio. El señor Meredith habÃa tenido dificultades para encontrar una vara que le viniera bien. Cortó una, pero después le pareció demasiado delgada. Carl habÃa hecho algo realmente indefendible. Entonces cortó otra, pero era demasiado gruesa. Después de todo, Carl pensó que la anguila estaba muerta. La tercera le pareció mejor; pero cuando la cogió del escritorio le pareció muy gruesa y pesada; más parecÃa un garrote que una varita.
—Levanta la mano —le dijo a Carl.