El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris El señor Meredith no entendió su alegría y pensó que era insensibilidad. Le dijo a Carl que fuera al estudio después del almuerzo y, cuando el muchacho salió, se arrojó sobre la silla y volvió a gemir. Temía la llegada de la tarde diez veces más que Carl. El pobre pastor ni siquiera sabía con qué debía azotar a su hijo. ¿Qué se utilizaba para azotar a los niños? ¿Varas? ¿Bastones? No, sería demasiado salvaje. ¿Una varita de árbol entonces? Y él, John Meredith, debía ir al bosque a cortar una. Era una idea abominable. Entonces se le apareció una imagen. Vio el pequeño rostro enjuto de la señora Carr al ver aparecer la anguila revivida, la vio saltando en un vuelo como de bruja por encima de las ruedas del coche. Antes de poder evitarlo, el pastor se echó a reír. Pero después se enfadó consigo mismo y más con Carl. Iría de inmediato a buscar la vara; y no sería demasiado liviana.
Carl hablaba del asunto en el cementerio con Faith y Una, que acababan de llegar. Estaban horrorizadas por la idea de que fueran a azotarlo, ¡y por el padre, que jamás había hecho semejante cosa! Pero estuvieron de acuerdo en que era justo.
—Sabes que hiciste algo muy malo —suspiró Faith—. Y nunca lo admitiste en el club.