El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Vio a Rosemary West sentada bajo un árbol en el jardÃn y pasó junto a los canteros de dalias dirigiéndose hacia ella. Rosemary tenÃa un libro sobre la falda, pero miraba a lo lejos, más allá del puerto, y sus pensamientos eran bastante tristes. La vida no habÃa sido agradable en los últimos tiempos en la casa de la colina. Ellen no se habÃa enfurruñado; Ellen habÃa sido como un ladrillo. Pero hay cosas que se sienten aunque no se digan y a veces el silencio entre las dos mujeres era intolerablemente elocuente. Todas las cosas familiares que en un tiempo habÃan hecho dulce la vida tenÃan ahora un dejo de amargura. Norman Douglas hacÃa periódicas irrupciones también, para rezongar o para tratar de convencer a Ellen. Rosemary creÃa que acabarÃa por arrastrar a Ellen con él algún dÃa y sentÃa que casi se alegrarÃa cuando sucediera. Entonces la existencia serÃa terriblemente solitaria, pero ya no estarÃa cargada con dinamita. La despertó de su nada placentera ensoñación un tÃmido toquecito en el hombro. Al volverse vio a Una Meredith.
—Caramba, Una, querida, ¿has venido andando hasta aquà con este calor?
—Sà —balbuceó Una—. He venido… he venido a…
Pero le resultaba muy difÃcil decir lo que habÃa ido a hacer. Se le quebró la voz y se le llenaron los ojos de lágrimas.