El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Supongo que los conoceremos cuando empiece la escuela —reflexionó Faith—. Espero que las chicas sean buenas. La mayorÃa de las chicas de por aquà no me gustan. Hasta las simpáticas son aburridas. Pero las mellizas Blythe me parecieron divertidas. Yo pensaba que los mellizos siempre eran iguales, pero no. La pelirroja me gustó más.
—A mà me gustó la madre —dijo Una con un ligero suspiro. Una envidiaba a las madres de todos los niños. TenÃa apenas seis años cuando murió la suya, pero conservaba algunos recuerdos muy queridos, atesorados en su alma como joyas, de abrazos al atardecer y juegos matinales; de ojos llenos de amor, de una voz tierna y de una risa dulce y alegre.
—Dicen que no es como otra gente —acotó Jerry.
—La señora Elliott dice que es porque nunca ha crecido —reflexionó Faith.
—Es más alta que la señora Elliott.
—SÃ, sÃ, pero es por dentro… la señora Elliott dice que la señora Blythe sigue siendo una niña pequeña por dentro.
—¿Qué es ese olor? —interrumpió Carl, olfateando.
Ahora lo olÃan todos. Un aroma delicioso llegaba flotando en el quieto aire vespertino desde el valle que habÃa bajo la colina donde estaba la rectorÃa.