El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Me da hambre —dijo Jerry.
—Sólo hemos comido pan y melaza en el almuerzo y «otravez» en la cena —se quejó Una.
La tÃa Martha acostumbraba hervir un gran pedazo de cordero a principios de semana y lo servÃa todos los dÃas, frÃo y grasiento, hasta que se terminaba. Faith, en un momento de inspiración, le habÃa puesto al plato el nombre de «otravez», y asà se lo conocÃa invariablemente en la rectorÃa.
—Vayamos a ver de dónde viene ese olor —propuso Jerry.
Todos se pusieron en pie de un salto, corrieron por la hierba con la despreocupación de cachorros, saltaron un cerco y siguieron colina abajo por el terreno cubierto de musgo, guiados por el sabroso olor que se hacÃa más fuerte cada vez. Minutos después llegaban sin aliento al santuario del Valle del Arco Iris, donde los niños Blythe estaban a punto de bendecir la mesa.
Se detuvieron con timidez. Una lamentó que hubieran sido tan precipitados, pero Di Blythe se hacÃa cargo de situaciones más complejas que la presente. Dio un paso adelante, con una sonrisa de camaraderÃa.
—Me parece que sé quiénes sois —dijo—. De la rectorÃa, ¿no?
Faith asintió y la cara se le llenó de hoyuelos.
—Sentimos el olor de la trucha que estáis cocinando y nos preguntábamos qué era.