El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Era sábado y los Meredith habÃan salido al mundo mojado por el rocÃo con una deliciosa conciencia del dÃa de fiesta. Nunca tenÃan nada que hacer los dÃas de fiesta. Hasta Nan y Di Blythe tenÃan ciertas tareas domésticas los sábados por la mañana, pero las hijas de la rectorÃa eran libres para vagabundear desde la mañana hasta el atardecer si asà les placÃa. A Faith le gustaba, pero Una sentÃa una amarga y secreta humillación porque nunca aprendÃan a hacer nada. Las otras niñas de su clase sabÃan cocinar, coser y tejer; únicamente ella era una pequeña ignorante. Jerry sugirió que salieran de exploración, de modo que fueron a pasear por el bosque de abetos, recogiendo en el camino a Carl, que estaba arrodillado sobre la hierba empapada estudiando a sus queridas hormigas. Más allá del bosque salieron al campo del señor Taylor, salpicado con los fantasmas blancos de los dientes de león. En un rincón alejado habÃa un viejo granero destartalado donde, a veces, el señor Taylor guardaba el excedente de su cosecha de heno, pero que no se usaba para ningún otro propósito. Hacia allà avanzaron los niños Meredith y merodearon durante varios minutos por la planta baja.
—¿Qué ha sido eso? —susurró Una de pronto.
Todos prestaron atención. Se oÃa un débil pero claro ruido en el primer piso del granero. Los Meredith se miraron.
—Hay algo ahà arriba —dijo Faith.