El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris En una especie de nido en el heno había una niña acurrucada, como si acabara de despertar de su sueño. Cuando los vio se puso en pie, algo temblorosa, y a la resplandeciente luz del sol que penetraba a través de la ventana cubierta de telarañas, vieron que su rostro delgado y quemado por el sol estaba muy pálido. Tenía dos trenzas de pelo lacio, espeso, color estopa y unos ojos muy extraños, «ojos blancos», pensaron los niños de la rectoría, que los miraban entre desafiantes y lastimeros. Los ojos eran de un azul tan pálido que parecían casi blancos, en especial en contraste con el delgado aro negro que rodeaba el iris. La niña estaba descalza y sin nada en la cabeza y vestía un viejo vestido a cuadros descolorido y roto, demasiado corto y apretado para ella. En cuanto a su edad, podría tener cualquiera, a juzgar por su carita enjuta, pero por la altura andaría por los doce años.
—¿Quién eres? —preguntó Jerry.
La niña miró alrededor como buscando una vía de escape. Entonces pareció rendirse con un pequeño estremecimiento de desolación.
—Soy Mary Vance —contestó.
—¿De dónde vienes? —continuó Jerry.
En lugar de contestar, Mary se sentó, o mejor dicho, se dejó caer sobre el heno y se puso a llorar. De inmediato Faith corrió hacia ella y abrazó sus hombros delgados y temblorosos.