El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —No. Yo ya terminé mi educación —decÃa cuando Faith la urgÃa a ir—. Fui cuatro inviernos a la escuela desde que vine a casa de la señora Wiley y me alcanzó. Estaba harta de que me riñeran por no hacer los deberes. Yo no tenÃa tiempo de hacer deberes.
—Nuestro maestro no va a reñirte. Es muy bueno —insistÃa Faith.
—Bueno, pero no voy. Sé leer y escribir y hacer cuentas con fracciones. No necesito más. Id vosotros que yo me quedo en casa. No tengáis miedo de que os robe nada. Juro que soy decente.
Mientras los otros estaban en la escuela, Mary se ocupaba de limpiar la rectorÃa. En pocos dÃas fue otro lugar. Se barrieron suelos, se sacudieron muebles y se ordenó todo. Mary arregló el colchón del cuarto de huéspedes, cosió botones que faltaban, hizo cuidadosos remiendos en la ropa y hasta invadió el estudio provista de una escoba y un paño para sacudir y le ordenó al señor Meredith que saliera mientras ella limpiaba. Pero habÃa un área en la cual la tÃa Martha no le permitÃa interferir. La tÃa Martha podÃa estar sorda, medio ciega y ser muy infantil, pero estaba decidida a mantener la intendencia en sus propias manos, a pesar de los ardides y estratagemas de Mary.