El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Te digo que si la vieja Martha me dejara cocinar comerÃais como la gente normal —les dijo con indignación a los niños de la rectorÃa—. No habrÃa más «otravez» ni cereal lleno de grumos ni leche azul. ¿Qué hace con toda la crema?
—Se la da al gato. Es su gato —informó Faith.
—Yo le iba a dar gatos —exclamó Mary, enfadada—. A mà los gatos no me gustan. Son animales del diablo. Se les ve en los ojos. Bueno, si la vieja Martha no me va a dejar, no me va a dejar. Pero me saca de mis casillas ver cómo se desperdicia buena comida.
Después de la escuela siempre iban a jugar al Valle del Arco Iris. Mary se negaba a jugar en el cementerio. Manifestó que tenÃa miedo a los fantasmas.
—Los fantasmas no existen —afirmó Jem Blythe.
—Ah, ¡no me digas!
—¿Has visto alguno?
—Cientos —aseguró Mary en seguida.
—¿Cómo son? —preguntó Carl.
—Espantosos. Vestidos de blanco, con manos y cabezas de esqueletos.
—¿Y qué hiciste? —preguntó Una.
—Corrà como la mierda —dijo Mary. Pero se encontró con la mirada de Walter y se ruborizó. Mary tenÃa mucho respeto a Walter. Les dijo a las niñas de la rectorÃa que sus ojos la ponÃan nerviosa.