El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Bueno, sabes que tiene el corazón delicado. Y un día de la semana pasada, estando sola en la galería, oyó unos alaridos espantosos de «asesino» y «socorro» provenientes del bosque, ruidos realmente horribles, querida Ana. Le falló el corazón. Warren los oyó desde el granero y fue directo al bosque a investigar, y entonces encontró a todos los niños de la rectoría sentados sobre un árbol caído y gritando «asesino» a todo lo que les daban los pulmones. Le dijeron que estaban jugando y que no pensaron que pudiera oírlos nadie. Jugaban a las emboscadas indias. Warren volvió a la casa y encontró a su pobre madre inconsciente en la galería.
Susan, que había regresado, levantó la nariz con gesto despectivo.
—Creo que estaba lejos de estar inconsciente, señora de Marshall Elliott, y eso se lo aseguro. Hace cuarenta años que oigo hablar del corazón delicado de Amelia Warren. Ya a los veinte años lo tenía delicado. Le encanta hacer aspavientos y llamar al médico; cualquier excusa le viene bien.
—Me parece que a Gilbert el ataque no le pareció nada serio —dijo Ana.