El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Ah, es muy probable —dijo la señorita Cornelia—. Pero el asunto ha dado mucho que hablar, y el hecho de que los Mead son metodistas ha empeorado mucho las cosas. ¿Qué va a ser de esos niños? A veces no puedo dormir de noche pensando en ellos, querida Ana. De verdad, hasta me pregunto si comen bien, porque el padre vive tan inmerso en sus cosas que no siempre se acuerda de que tiene estómago y esa vieja perezosa no se toma la molestia de cocinar como deberÃa. Se están convirtiendo en unos salvajes, y ahora que terminan las clases estarán peor que nunca.
—Se divierten —rió Ana al recordar sucesos del Valle del Arco Iris que habÃan llegado a sus oÃdos—. Y todos son valientes, francos, leales y veraces.
—Eso es cierto, querida Ana, y cuando uno se pone a pensar en todos los problemas que provocaron en la iglesia esos dos jóvenes chismosos del último pastor, me siento inclinada a pasar por alto mucho de lo de los Meredith.
—A fin de cuentas, mi querida señora, son muy buenos niños —dijo Susan—. Hay mucho del pecado original en ellos, eso lo admito, pero tal vez sea mejor, porque de no ser asà serÃan insoportables por demasiado dulces. Pero lo que no creo que sea correcto es que jueguen en un cementerio, y de ahà no me sacan.