El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Me temo que no está haciendo nada bueno, mi querida señora. Está en la buhardilla escribiendo algo en un cuaderno. Este perÃodo no le fue tan bien en aritmética como deberÃa, me dijo el maestro. Y bien sé yo la razón. Ha estado escribiendo tontos versos en lugar de hacer cuentas. Mucho me temo que ese chico va a ser poeta, mi querida señora.
—Ya es un poeta, Susan.
—Bueno, usted se lo toma con mucha calma, mi querida señora. Supongo que es lo mejor cuando una persona tiene fuerzas para resignarse. Yo tuve un tÃo que empezó siendo poeta y terminó siendo mendigo. La familia estaba muy avergonzada de él.
—Al parecer no tiene una opinión muy elevada de los poetas, Susan —dijo Ana, riendo.
—¿Quién la tiene, mi querida señora? —preguntó Susan, genuinamente asombrada.
—¿Y qué hay de Milton y Shakespeare? ¿Y los poetas de la Biblia?