Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva —Quizá, pero no creo que jamás lo sea. Fred tenÃa gotas de sangre Shipley. Una de las hijas del viejo Hugh fue abuela suya. Y el doctor Burnley de esa gran casa gris tiene más que unas gotas.
—¿Él también es pariente nuestro, primo Jimmy?
—Primo cuadragésimo segundo. Una prima de Mary Shipley era su bisabuela o lo que fuere. Era en el Viejo Mundo; sus antepasados vinieron después que los nuestros. Es un buen médico pero un tipo raro, mucho más raro que yo, Emily, y sin embargo nadie dice que a él le falta un tornillo. Es ridÃculo ¿no? Él no cree en Dios, por ejemplo, y yo no soy tan tonto.
—¿En ningún Dios?
—En ningún Dios. Es un ateo, Emily. Y está educando a su hija pequeña de la misma manera; a mà me parece una infamia, Emily —dijo el primo Jimmy, confidencialmente.
—¿Y la madre no le enseña otras cosas?
—La madre… murió —respondió el primo Jimmy, con una extraña vacilación—. Hace diez años —añadió, con tono más firme—. Ilse Burnley es una buena niña, tiene el cabello como los narcisos y ojos como diamantes amarillos.
—Ay, primo Jimmy, me prometiste que me hablarÃas del Diamante Perdido —exclamó Emily, entusiasmada.