Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva —Seguro, seguro. Bien, está en alguna parte cerca del cenador o dentro de él. Hace cincuenta años Edward Murray y su esposa vinieron de visita desde Kingsport. Ella era toda una dama, cubierta de sedas y diamantes, como una reina; aunque no era ninguna belleza. Llevaba un anillo con una piedra que habÃa costado doscientas libras, Emily. Eso era muchÃsimo dinero para que una mujer lo llevara en el dedo, ¿no? Cuando se recogÃa el vestido para subir los escalones del cenador, resplandecÃa en su mano blanca, pero cuando los bajó ya no lo tenÃa.
—¿Y nunca lo encontraron? —preguntó Emily, sin aliento.
—Nunca, y no porque no lo hubieran buscado. Edward Murray querÃa que derribaran el cenador, pero el tÃo Archibald no quiso ni oÃrlo, porque lo habÃa construido para su novia. Los dos hermanos discutieron y ya no se reconciliaron jamás. Todos los miembros de la familia se han dedicado en un momento u otro a buscar el anillo. Casi todos piensan que se cayó entre las flores o los arbustos. Pero yo sé la verdad, Emily. Yo sé que el diamante de Miriam Murray está todavÃa en el cenador. En las noches de luna lo he visto refulgir, refulgir y llamar. Pero nunca en el mismo lugar y, cuando voy a buscarlo ya no está, y lo veo riéndose desde otro lugar.