Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva La prueba del fuego
A la mañana siguiente, la tía Elizabeth llevó a Emily a la escuela. La tía Laura había pensado que, ya que faltaba sólo un mes para las vacaciones, no valía la pena que Emily «comenzara el curso». Pero la tía Elizabeth aún no se sentía cómoda con una pequeña sobrina correteando por la Luna Nueva, hurgando insaciable en todo, y estaba decidida a que Emily fuera a la escuela para sacársela de en medio. La propia Emily, siempre ávida de nuevas experiencias, estaba muy dispuesta a ir, pero a pesar de todo durante el camino ardía de rebeldía. La tía Elizabeth había encontrado en el altillo de la Luna Nueva un espantoso delantal de algodón y una cofia igualmente espantosa de váyase a saber quién, y obligó a Emily a ponérselos. El delantal era una prenda larga y parecida a una bolsa, de cuello alto y con mangas. Era algo indigno. Emily nunca había visto a una niña pequeña con un delantal con mangas. Se rebeló hasta el punto de llorar para no ponérselo, pero la tía Elizabeth no iba a tolerar tonterías. Emily detectó entonces la mirada de los Murray, y, entonces, guardó dentro del alma sus sentimientos rebeldes y dejó que la tía Elizabeth le pusiera el delantal.
—Era de tu madre cuando era pequeña, Emily —dijo la tía Laura, para consolarla, y con bastante sentimentalismo.