Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Mi maestra se llama señorita Brownell. No me gusta los puntos que calza. (Ésa es una frase muy atrevida que usa el primo Jimmy. Ya sé que frase no se escribe asà pero en la Luna Nueva no hay diccionario y suena igual). Es muy sarkastica y le gusta dejar en ridÃculo a todos. Entonces se rÃe de uno de manera muy desagradable. Pero la perdoné por haberme pegado y al dÃa siguiente le llevé un ramo de flores para contentarla. Lo recibió con mucha frialdad y lo dejó marchitarse encima de su escritorio. En un cuento, habrÃa llorado sobre mi hombro. No sé si sirve de algo perdonar a la gente. SÃ, sirve, uno se siente más cómodo. Tú nunca tuviste que ponerte delantal infantil ni cofia porque eras varón y por eso no puedes entender como me siento. Y los delantales son de una tela tan fuerte que no se gastan y faltan años para que me queden pequeños. Pero tengo un vestido blanco para ir a la iglesia con un cinturón de seda negra y un sombrero de paja blanca con lazos negros y sandalias de cabritiya negros, y me siento muy elegante cuando me visto asÃ. Ojalá pudiera cortarme un flequillo pero la tÃa Elizabeth no quiere ni oÃr hablar del tema. Rhoda me dijo que tengo ojos hermosos. Ojalá no me lo hubiera dicho. Yo siempre sospeché que mis ojos eran hermosos pero no estaba segura. Ahora que lo sé tengo miedo de estar siempre pendiente de que la gente se dé cuenta. Tengo que irme a acostar a las ocho y media y no me gusta pero me quedo sentada en la cama mirando por la ventana hasta que oscureze y asà me vengo de la tÃa Elizabeth y escucho el ruido del mar. Ahora me gusta, aunque siempre me da un poco de tristeza, pero es una tristeza hermosa. Tengo que dormir con la tÃa Elizabeth y eso tampoco me gusta porque si me muevo aunque sea poco dice que tengo hormigas en el cuerpo pero reconoce que no doy patadas. Y no me deja abrir la ventana. No le gusta el aire fresco ni la luz dentro de la casa. La sala es oscura como una tumba. Un dÃa entré y levanté todas las persianas y la tÃa Elizabeth se horrorizó y me dijo que era una sinvergüenza y me miró con la mirada Murray. Era como si hubiera cometido un crimen. Me sentà tan insultada que vine a la buardilla y escribà en una de las planillas una descrición de mà misma ahogándome y entonces me sentà mejor… La tÃa Elizabeth me dijo que no podÃa entrar otra vez en la sala sin permiso, pero yo no quiero ir. Le tengo miedo a la sala. En todas las paredes hay colgados retratos de nuestros antepasados y no hay ni una sola persona guapa entre todos, escepto el abuelo Murray que parece buen mozo pero muy enfadado. El cuarto de huéspedes está arriba y es tan lúgubre como la sala. La tÃa Elizabeth permite que sólo la gente distinguida duerma en él. A mà me gusta la cocina de dÃa y la buardilla y la cocina de fuera y la salita y el vestÃbulo por la preciosa puerta roja del frente y me encanta la lecherÃa, pero no me gustan los otros cuartos de la Luna Nueva. Ah, me olvidaba del armario del sótano. Me encanta bajar y mirar las preciosas filas de botes de jaleas y dulces. El primo Jimmy dice que es una tradición de la Luna Nueva que los botes de dulce no pueden estar nunca vacÃos. Cuántas tradiciones tiene la Luna Nueva. Es una casa muy espaciosa y los árboles son preciosos. A los tres álamos de LombardÃa del portón del jardÃn les puse las Tres Princesas y al cenador le puse La morada de Emily, y al gran manzano del portón del jardÃn viejo le puse el Arbol Que Reza porque levanta sus largas ramas igualito que el señor Dare cuando levanta los brazos para rezar en la iglesia.