Emily la de Luna Nueva

Emily la de Luna Nueva

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Claro que en la Isla Príncipe Eduardo no hay melocotones y tampoco oí nunca el cuerno de ningún cazador, pero en poesía uno no tiene que ajustarse demasiado a los hechos. Llené una hoja con mi poema y corrí a leérselo a la tía Laura. Yo pensaba que se iba a poner contentísima de tener una sobrina que escribiera poesía pero lo tomó con mucha frialdad y me dijo que no parecía poesía. Esclamé que era verso libre. Muy libre dijo la tía Elizabeth sarcástica aunque yo no le había pedido su opinión. Pero creo que de ahora en adelante voy a escribir con rima para que no haya errores y voy a ser poetisa cuando crezca, y voy a ser famosa. También espero ser como una sílfide. Las poetisas tienen que ser como sílfides. El primo Jimmy también hace poesía pero no la escribe, la guarda en la mente. Yo le ofrezí regalarle algunas de mis planillas (porque es muy bueno conmigo) pero me dijo que era demasiado viejo para aprender hábitos nuevos. Todavía no oí ninguna poesía suya porque el espíritu no se lo ha pedido pero tengo muchas ganas y lamento que no engorden a los cerdos hasta el otoño. El primo Jimmy me gusta cada vez más, menos cuando le da por hablar y mirar raro. Me asusta pero nunca le dura mucho. He leído muchos de los libros de la biblioteca de la Luna Nueva. Una historia de la reforma en Francia, muy religiosa y triste. Un libro gordito que describe los meses en Inglaterra y el que te dije antes, Las estaciones de Thompson. Me gusta leerlos porque hay muchas palabras bonitas, pero no me gustan al tacto. El papel es tan áspero y grueso que me da escalofríos. Viajes en España, muy fascinante, con un papel lisito y brillante, un libro de misioneros en las Islas del Pacífico, con láminas muy interesantes por los peinados de los jefes paganos. Después de que se hicieron cristianos se cortaron el pelo y a mí me parece una lástima. Los poemas de la señora Hemans. Me apasiona la poesía y también las historias de islas desiertas. Rob Roy, una novela, pero había leído muy poquito cuando la tía Elizabeth me dijo que no podía seguir leyéndola porque no debo leer novelas. La tía Laura me dijo que la leyera a escondidas. No veo por qué no está bien obedecer a la tía Laura pero me da no se qué y todavía no lo he hecho. Un precioso libro de Tigres, lleno de láminas y historias de tigres que me hacen reír y morirme de miedo. El Camino real, también relijioso pero más divertido así que es bueno para leer los domingos. Reuben y Grace, una historia pero no novela porque Reuben y Grace son hermanos y no hay boda. Como Katy y Jim el alegre, igual que la anterior pero no tan emocionante y trajica. Las poderosas maravillas de la naturaleza que es bueno y enseña. Alicia en el país de las maravillas, que es delicioso, y las Memorias de Anzonetta B. Peters que se convirtió a los siete y se murió a los doze. Cuando alguien le hacía una pregunta ella contestaba con el verso de un inno religioso. Eso fue después de convertirse. Antes de eso hablaba en cristiano normal y corriente. La tía Elizabeth me dijo que tengo que tratar de ser como Anzonetta. Creo que yo podría ser Alicia bajo circunstancias más favorables pero estoy segura de que jamás podré ser tan buena como Anzonetta y creo que tampoco quiero serlo porque ella no se divirtió nunca. Cayo enferma nada más convertirse y sufrió horriblemente durante años. Además, estoy segura de que si me pongo a hablar en innos a la gente, haría el ridículo. Una vez lo intenté. El otro día la tía Laura me preguntó si prefería franjas azules en lugar de rojas para las medias del invierno que viene y yo le contesté como contestó Anzonetta cuando le hicieron una pregunta parecida, pero diferente, sobre una bolsa.


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