Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Emily estaba segura de que ninguna caldera empotrada podía tener el encanto de la vieja olla. Ayudó al primo Jimmy a llenarla de patatas después de regresar de la escuela y luego, cuando terminaron de comer, el primo Jimmy encendió el fuego debajo de la olla y estuvo dando vueltas alrededor toda la tarde. A veces avivaba el fuego (a Emily esa parte de la función le encantaba) enviando gloriosas chispas hacia la oscuridad; a veces revolvía las patatas con un palo largo y parecía, con su extraña barba gris y su pantalón enterizo con cinturón, un viejo gnomo u otro ser salido de una historia de las tierras del norte que revolvía el contenido de un caldero mágico, y a veces se sentaba junto a Emily sobre la piedra de granito, cerca de la olla, y le recitaba su poesía. A Emily eso era lo que más le gustaba pues la poesía del primo Jimmy era sorprendentemente buena, al menos en algunas partes, y el primo Jimmy tenía «un público apropiado, sin bien exiguo» en esta delgada jovencita de rostro pálido y ansioso y ojos fascinados.