Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Ilse vino a casa el domingo por la tarde y fuimos a la buhardilla y hablamos de Dios, porque es apropiado para los domingos. Tenemos que tener mucho cuidado con lo que hacemos los domingos. Es una tradición de la Luna Nueva que los domingos son sagrados. El abuelo Murray era muy estrizto. El primo Jimmy me contó una historia sobre él. Siempre cortaban leña para el domingo la noche del sábado, pero una vez se olvidaron y el domingo no tenían leña para preparar la comida, así que el abuelo Murray dijo: «no se puede cortar leña los domingos, muchachos, pero se puede romper un poquito con la parte de atrás del hacha». Ilse tiene mucha curiosidad por Dios aunque no cree en Él casi nunca y no le gusta hablar de Él pero de todas formas quiere averiguar cosas. Dice que le parece que lo querría si lo conociera. Ahora escribe Su nombre con D mayúscula porque es mejor asegurarse. Yo creo que Dios es como mi «destello», sólo que «el destello» dura un segundo y Dios dura siempre. Hablamos tanto que nos entró hambre y yo bajé al armario de la salita de estar y cogí dos bizcochos. Me olvidé de que la tía Elizabeth me había dicho que no podía comer bizcochos entre las comidas. No fue robar, fue olvidarme. Ilse se enfadó y dijo que yo era una jacobita (qué será eso) y una ladrona y que una cristiana no le robaría bizcochos a una pobre tía anciana. Así que se lo confesé a la tía Elizabeth y ella me dijo que no iba a darme bizcochos con la comida. Fue duro ver a los demás comiéndoselos. Me pareció que Perry comía el suyo muy rápido pero después del almuerzo me llamó fuera y me dio la mitad, que me había guardado. Lo había envuelto en el pañuelo, que no estaba muy limpio, pero me lo comí porque no quise herir sus sentimientos.