Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva —No quiero hablar con nadie, querida tÃa Laura, soy demasiado feliz —dijo Emily, soñadora—. Estoy componiendo una epopeya, se va a llamar La dama blanca y ya he hecho veinte versos, y dos son bellÃsimos. La heroÃna quiere ingresar en un convento y el padre le dice que, si lo hace, nunca podrá
De la vida volver a abrir la puerta,
si te encierras, como en vida muerta.
Ay, tÃa Laura, al componer esos versos me vino «el destello». Y ya no me interesan las galletitas de jengibre.
La tÃa Laura volvió a sonreÃr.
—Tal vez no ahora, querida. Pero cuando se te haya pasado el momento de inspiración, no estará de más que recuerdes que las galletitas de esa caja no están contadas y que son tan mÃas como de Elizabeth.