Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Una Emily se horrorizó de miedo ante la idea de que la tía Elizabeth escuchara y pensara que ella estaba en tratos ocultos con el Papa, lo cual estaba vedado para cualquier presbiteriano medio Murray de la Luna Nueva. La otra Emily se estremeció de placer con el encanto dramático de tener un entendimiento secreto de misterio e intriga. Asintió con seriedad y sus ojos hablaron con elocuencia.
—La obtuve sin problemas —susurró, a su vez.
—Bien —dijo el padre Cassidy—. Te deseo buena suerte, y te la deseo de todo corazón. Adiós.
—A Dios os encomiendo —respondió Emily, considerando este saludo más apropiado con los oscuros secretos que «adiós». Todo el camino de regreso a casa saboreó aquella entrevista robada a medias, sintiéndose como si ella misma estuviera viviendo una epopeya. No volvió a ver al padre Cassidy en años, pues al poco tiempo lo cambiaron a otra parroquia, pero siempre pensó en él como en una persona muy agradable y muy comprensiva.