Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Después del almuerzo se distribuyeron los regalos. Es una tradizión Murray. No ponemos medias ni colocamos arbolitos sino que hay un gran pastel de salvado con los regalos enterrados dentro, con cintas colgando con los nombres de todos, y nos lo vamos pasando. Fue divertido. Mis parientes me dieron todos regalos útiles, menos la tía Laura. Ella me regaló un frasco de perfume. Me encanta. Me encantan los olores ricos. A la tía Elizabeth los perfumes no le parecen bien. Ella me regaló un delantal nuevo pero me alegra decir que no es de bebé. La tía Ruth me regaló un Nuevo Testamento y me dijo: «Emily, espero que leas un fragmento todos los días hasta que lo termines» y yo le dije: «Pero tía Ruth, yo ya he leído el Nuevo Testamento una docena de veces» (y es cierto). Me encanta el Apocalipsis. Cuando leí el versículo «Y las doce puertas eran doce perlas» las vi y me vino «el destello». «No hay que leer la Biblia como si fuera un libro de cuentos», dijo fríamente la tía Ruth. El tío Wallace y la tía Eva me regalaron un par de guantes negros y el tío Oliver y la tía Addie me regalaron un dólar entero en moneditas de plata nuevas y el primo Jimmy me regaló una cinta para el pelo. Perry me había dejado un señalador de seda. Se había ido a su casa a pasar la Navidad con su tía Tom en Stovepipe Town pero yo le guardé un montón de nueces y pasas. A Teddy y a él les regalé pañuelos (el de Teddy era algo más bonito) y a Ilse una cinta para el pelo. Estos regalos los compré yo misma con el dinero de mis huevos. (Durante un tiempo no tendré más dinero porque mi gallina ha dejado de poner). Todos estaban contentos y una vez el tío Wallace me sonrió. Cuando me sonrió no me pareció tan feo.