Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Emily comprendió el comentario. Él le habÃa contado del antiguo Egipto y de la diosa Pasht, pero no estaba de acuerdo con él.
—Los gatitos no quieren que los adoren —replicó—. Sólo quieren ser acariciados.
—Por sus sacerdotisas, sÃ. Si hubieras nacido en las orillas del Nilo hace cinco mil años, Emily, habrÃas sido una sacerdotisa de Pasht, habrÃas sido una adorable criatura de piel oscura, delgada, con una banda de oro en los cabellos negros y pulseras de plata en esos tobillos que la tÃa Nancy admira, y con docenas de diosecitos sagrados retozando a tu alrededor, bajo las palmeras, en los patios de los templos.
—Ay —exclamó Emily, extasiada—, acabó de ver «el destello». Y —añadió, intrigada— por un momento me ha hecho añorar mi casa. ¿Por qué?
—¿Por qué? Porque no me cabe la menor duda de que, en una encarnación anterior, fuiste una sacerdotisa y mis palabras se lo recordaron a tu alma. ¿Crees en la doctrina de la transmigración de las almas, Estrella? Claro que no, criada por los fieles calvinistas de la Luna Nueva…
—¿Qué significa eso? —preguntó Emily. Cuando Dean se lo explicó le pareció una creencia preciosa, pero estaba segura de que a la tÃa Elizabeth no le gustarÃa.