Emily la de Luna Nueva

Emily la de Luna Nueva

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Emily se preguntó en qué estaría pensando su padre, pero nunca lo molestaba con preguntas cuando él tenía mucha tos. Sólo deseaba tener alguien con quien hablar. Aquel día Ellen Greene tampoco quería hablar. No hacía más que gruñir, lo que quería decir que Ellen estaba molesta por algo. Había gruñido la noche anterior cuando el médico había hablado en susurros con ella en la cocina, y había gruñido al darle a Emily, antes de que se fuera a la cama, pan con melaza. A Emily no le gustaba el pan con melaza, pero se lo comió porque no quería lastimar los sentimientos de Ellen. No era frecuente que Ellen le diera algo de comer antes irse a la cama y, cuando lo hacía, era porque, por alguna razón, quería conferirle un favor especial.

Emily esperaba que el ataque de gruñidos se disipara durante la noche, como por lo general ocurría, pero no fue así, de modo que no podía esperar compañía de Ellen; aunque la verdad es que Ellen tampoco era una gran compañía en otros momentos. Una vez, en un arranque de exasperación, Douglas Starr le había dicho a Emily que «Ellen Greene era una gorda perezosa sin la menor importancia», y, cada vez que Emily miraba a Ellen, después de esa frase, pensaba que la descripción le encajaba a las mil maravillas.



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