Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva —A tu tÃa Elizabeth no le gustan las cosas modernas. En la casa vivimos como hace cincuenta años, aunque en la granja, tiene que ceder. En la casa… velas; en la vaquerÃa… las grandes ollas de su abuela para poner la leche. Pero, gatita, la Luna Nueva es un lugar muy bonito, a pesar de todo. Algún dÃa te gustará.
—¿Hay hadas? —preguntó Emily, esperanzada.
—Los bosques están llenos de hadas —respondió el primo Jimmy—. Y el jardÃn está lleno de aguileñas. Las plantamos a propósito, para las hadas.
Emily suspiró. Desde los ocho años sabÃa que ya no habÃa más hadas en ningún lado, pero no habÃa abandonado del todo la esperanza de que aún quedaran una o dos en lugares anticuados y lejanos. ¿Y dónde encontrarlas con más probabilidad que en la Luna Nueva?
—¿Hadas de verdad? —interrogó.
—Bueno, debes saber que si un hada fuese de verdad, no serÃa un hada —dijo el primo Jimmy, muy serio—. ¿O sÃ?