Historias de Avonlea
Historias de Avonlea —Tuve que venir, Angelina. No pude resistir más.
—Mi nombre es Peter —dije frÃamente, aunque me sentÃa ridÃculamente contenta.
—No, no lo es —dijo tozudamente—. Para mÃ, es y será siempre Angelina. Nunca la llamaré Peter. Angelina le sienta perfectamente, y Angelina Bennett le sentará aún más. Debe usted regresar, Angelina. Mr. Riley está triste por usted, y yo no puedo vivir sin alguien que aprecie mis sarcasmos, ahora que me ha acostumbrado usted a ese lujo.
—¿Y los otros cinco gatos? —exigÃ.
Alexander Abraham suspiró.
—Supongo que tendrán que venir también, aunque no dudo de que echarán de la casa al pobre Mr. Riley. Puedo vivir sin él, pero no sin ti… ¿Cuándo podrás casarte conmigo?
—No he dicho que me casaré con usted —dije ácidamente, por conservar las formas, pues sentÃa todo lo contrario.
—No, pero lo harás, ¿no es asÃ? —dijo ansioso—. Porque si no lo hicieras mejor habrÃa sido que me hubieras dejado morir de viruela. Acepta, querida Angelina.
¡Pensar que un hombre pudo atreverse a llamarme «querida Angelina»! ¡Y pensar que no me importó!