Historias de Avonlea
Historias de Avonlea Thomas estuvo de acuerdo conmigo. Esa noche permanecí despierta largo tiempo después de acostarnos, pensando en Prissy y Stephen. Por lo general, no me preocupo por las cosas de los demás, pero Prissy era una criatura tan desamparada, que no me la podía sacar del pensamiento.
Hacía veinte años, Stephen trató de cortejar a Prissy. Aquello ocurrió poco después de que muriera el padre de la muchacha. Ella y Emmeline vivían juntas. Emmeline tenía treinta años, diez más que su hermana, y si alguna vez hubo dos hermanas completamente distintas en todo, ésas fueron ellas.
Emmeline se parecía a su padre; era trigueña, alta y fea y la criatura más dominante que existiera. Simplemente regía a la pobre Prissy con puño de hierro.
Prissy era una linda muchacha; así por lo menos pensaba la mayoría. Honestamente, debo decir que nunca me gustó su aspecto. Me gustan con más energía. Era delgada y rosada, con ojos azules suaves y suplicantes y un cabello rubio pálido que le caía en rizos alrededor de la cara. Era tan tímida y dócil como su aspecto lo anunciaba y no había en ella un átomo de maldad. Siempre la quise, aunque no me agradase su belleza como a tantos.