Historias de Avonlea

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De todos modos, fue claro que a Stephen le gustó. Comenzó a cortejarla y no quedó duda de que a Prissy le agradó. Entonces Emmeline puso una barrera al asunto. Lo hizo de pendenciera. Stephen era un buen partido y nada se podía decir en su contra. Pero Emmeline estaba decidida a no dejar casar a su hermana. Ella no había podido hacerlo y estaba resentida.

Claro que si Prissy hubiese tenido algo de carácter, no se habría rendido. Pero no lo tenía; creo que se habría cortado las narices, si su hermana se lo ordenaba. Si alguna vez una muchacha no hizo honor a su nombre, fue Prissy Strong. En ella no había nada de fuerte.

Una noche, cuando salieron de la iglesia, Stephen se le acercó como de costumbre y le pidió acompañarla a casa. Thomas y yo estábamos detrás (aún éramos solteros) y lo oímos. Prissy miró asustada y suplicante a Emmeline y dijo:

—No, gracias, esta noche, no.

Stephen se dio vuelta y partió. Era un muchacho orgulloso y supe que nunca olvidaría un desprecio público como ése. Si hubiera sido más sensato, habría visto a Emmeline detrás de todo aquello, pero no lo fue. Empezó a cortejar a Althea Gillis y se casaron al año siguiente. Althea era una muchacha bastante linda, aunque voluble, y creo que ella y Stephen fueron felices juntos. En la vida real a menudo las cosas pasan así.


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