Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —Tenemos que hacer algo —dijo Rilla, demasiado angustiada como para prestar atención al tono de Olive—. Anunciamos el concierto en todas partes, va a venir una multitud, hasta un grupo de la ciudad… Tenemos que encontrar a alguien que reemplace a la señora Channing.
—No sé a quién se puede conseguir con tan poca anticipación —objetó Olive—. Irene Howard podrÃa hacerlo, pero es poco probable que acceda después de la forma en que la ofendió nuestra sociedad.
—¿Y cómo la ofendió nuestra sociedad? —quiso saber Rilla en lo que llamaba su tono «frÃo y pálido». Ni la frialdad ni la palidez amedrentaron a Olive.
—Tú la ofendiste —respondió con aspereza—. Irene me lo contó todo; estaba deshecha. Le dijiste que no volviera a hablarte nunca… y ella me aseguró que no podÃa imaginar qué habÃa hecho o dicho para merecer que la trataras asÃ. Fue por eso que nunca más vino a nuestras reuniones y se fue a la Cruz Roja de Lowbridge. No la culpo en absoluto, y no pienso pedirle que se rebaje ayudándonos a salir de este embrollo.
—¿No me estarás pidiendo que se lo pida yo? —exclamó Amy MacAllister con una risita—. Irene y yo no nos hablamos hace un millón de años. Ella siempre está «ofendida» por algo. Pero no puedo dejar de admitir que canta como un ángel y la gente se quedarÃa tan conforme con ella como con la señora Channing.