Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside Cuando llegó el amanecer, amargo y duro, se levantó y fue hacia la ventana. Abajo se veÃa un manzano grande, un enorme cono rebosante de flores rosadas. Walter lo habÃa plantado años atrás cuando era niño. Detrás del valle la mañana parecÃa una costa nublada con pequeñas ondas de sol rompiendo sobre ella. La belleza frÃa y lejana de una estrella tardÃa brillaba por encima. ¿Por qué tienen que sufrir los corazones en épocas de hermosura primaveral?
Rilla sintió que unos brazos la rodeaban amorosamente, protegiéndola. Era mamá… la de tez pálida y los ojos enormes.
—Ay, mamá, ¿cómo puedes soportar todo esto? —gritó Rilla con toda su alma.
—Hace varios dÃas que conozco las intenciones de Walter. Ya tuve tiempo de… rebelarme y volver a reconciliarme. Tenemos que dejarlo tranquilo. Existe un llamado más grande y más insistente que el de nuestro amor… y él lo ha escuchado. No debemos agregar más pena a la amargura de su sacrificio.
—Pero si nuestro sacrificio es mucho más grande que el de él —exclamó Rilla con pasión—. Nuestros muchachos se entregan a sà mismos, nosotras los entregamos a ellos.