Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside A pesar de los consejos y el ejemplo de Mary, la señora Blythe, que había despedido a Jem con una sonrisa, no pudo hacer lo mismo con Walter. Pero por lo menos nadie lloró. Lunes salió de su guarida en el depósito y se sentó junto a Walter, meneando la cola cada vez que Walter le hablaba y mirándolo con aire confiado, como si quisiera decirle: «Sé que encontrarás a Jem y me lo traerás de vuelta».
—Hasta la vista, mi viejo —dijo Carl Meredith alegremente cuando llegó el momento de las despedidas—. Diles a los muchachos que mantengan el ánimo… yo me voy dentro de poco.
—Yo también —acotó Shirley con tono lacónico, extendiéndole su mano bronceada. Susan lo oyó y se puso pálida.