Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside Una le estrechó la mano en silencio, mirándolo con ojos azules, tristes y profundos. Pero los ojos de Una siempre habÃan sido tristes. Walter inclinó su apuesta cabeza morena tocada con la gorra militar y le dio un beso cálido, fraternal. Jamás la habÃa besado antes y por un instante, el rostro de Una la traicionó. Pero nadie la estaba mirando; el conductor gritaba «¡Todos a bordo!»; todos trataban de parecer alegres. Walter se volvió hacia Rilla; ella le tomó las manos y levantó la vista hacia él. No volverÃa a verlo hasta que saliera el Sol y desaparecieran las sombras… y no sabÃa si ese amanecer serÃa de este lado de la tumba o más allá de ella.
—Adiós —dijo.
En sus labios la palabra perdÃa toda la amargura de siglos de despedidas y se cargaba de la dulzura de los amores de todas las mujeres que amaron a sus seres queridos y rezaron por ellos.
—EscrÃbeme y crÃa a Jims con fe, según el evangelio de Morgan —bromeó Walter, que habÃa dicho todo lo serio la noche anterior en el Valle del Arco Iris. Pero a último momento tomó el rostro de ella entre sus manos y miró bien adentro de sus ojos valientes—. Qué Dios te bendiga, Rilla-mi-Rilla —susurró con ternura. Después de todo no era tan difÃcil luchar por una tierra que producÃa hijas como ella.