Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —Le voy a decir una cosa, mi querido doctor —dijo Susan, pálida de ira—: Alemania ha llegado al extremo del ridÃculo.
Estaban todos en la cocina de Ingleside. Susan preparaba unos bizcochos para la cena. La señora Blythe estaba haciendo un budÃn para Jem y Rilla acomodaba golosinas para Ken y Walter… alguna vez habÃan sido Walter y Ken en sus pensamientos, pero casi inconscientemente habÃa cambiado y el nombre de Ken ahora iba primero. También estaba la prima Sophia, tejiendo.
La pacÃfica escena se vio interrumpida por la aparición del doctor, furioso y excitado por causa del incendio del edificio del Parlamento de Ottawa. Y Susan, automáticamente, se contagió de su furia y su excitación.
—¿Qué harán después estos hunos? —quiso saber—. ¡Venir hasta aquà e incendiar el edificio de nuestro Parlamento! ¿Se ha visto alguna vez semejante cosa?
—No sabemos todavÃa si los alemanes son los responsables del asunto —señaló el doctor, con la seguridad de que sà lo eran—. Los incendios existen y no hacen falta ellos para causarlos. La semana pasada se incendió el granero del tÃo Mark MacAllister. No creo que puedas acusar de ello a los alemanes, Susan.
