Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —Por cierto, querido doctor, no sé —replicó Susan, moviendo la cabeza con aire importante—. Patillas-en-la-Luna estuvo allà ese mismo dÃa. El incendio empezó media hora después de que se fue él. Hasta allÃ, los hechos… pero yo personalmente no acusarÃa a un ministro presbiteriano de haber incendiado el granero de nadie sin tener pruebas de ello. Sin embargo, todo el mundo sabe que también se enrolaron los dos muchachos del tÃo Mark y que el mismo tÃo Mark da conferencias en las reuniones de reclutamiento. Asà que no hay duda de que Alemania está ansiosa por vengarse de él.
—Yo no serÃa capaz de hablar en una reunión de reclutamiento —declaró, solemne, la prima Sophia—. Mi conciencia no me permitirÃa invitar a los hijos de otras mujeres a asesinar y ser asesinados.
—¿No podrÃas? —preguntó Susan—. Mira, Sophia Crawford, después de saber que en Polonia ya no quedan niños de menos de ocho años, siento que serÃa capaz de convocar a cualquiera para ir a pelear. Piensa en eso, Sophia Crawford —continuó, amenazándola con el dedo—. ¡Ni-un-solo-niño-de-menos-de-ocho-años!
—Supongo que los alemanes los tienen a todos —suspiró la prima Sophia.