Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside 4 de agosto de 1918
Hoy se cumplen cuatro años desde el baile en el faro: cuatro años de guerra. Parecen doce. Yo tenía quince años entonces. Ahora, diecinueve. Creía que estos cuatro años serían los más encantadores de mi vida y fueron años de guerra, años de temor, angustia y preocupación, pero tengo la humilde esperanza de que también hayan sido años de crecimiento en fuerza y personalidad.
Hoy, cuando atravesaba el corredor, oí a mamá diciéndole algo a papá sobre mí. No fue mi intención escuchar a escondidas, no pude evitar hacerlo, y tal vez sea por eso que oí lo que nunca oyen los que andan escuchando a hurtadillas: algo bueno de sí mismos. Y porque fue mamá la que lo dijo voy a escribirlo aquí en mi diario, para consolarme cuando vienen esos días de desazón en los que siento que soy frívola, egoísta y débil y que no hay nada bueno en mí.
«Rilla maduró tanto en estos cuatro años. Era una chiquilina tan irresponsable. Ahora es una joven capaz, adulta y un enorme consuelo para mí. Nan y Di están más lejos en este tiempo, estuvieron tan poco en casa, pero Rilla y yo estamos cada vez más unidas. Somos compinches. No sé cómo hubiera podido sobrevivir a estos años terribles sin ella, Gilbert».