Valancy Stirling
Valancy Stirling Pero en esa mañana del dÃa que cambió su destino, Valancy no pudo encontrar la llave de su castillo. Una realidad la oprimÃa estrechamente, ladrando en sus talones como un perrito enloquecedor. TenÃa veintinueve años, estaba sola, nadie la deseaba y no era demasiado agraciada; la única mujer soltera y poco agraciada —en un clan de personas hermosas— sin pasado ni futuro. Por lo que podÃa recordar, la vida siempre habÃa resultado monótona y triste, sin la más mÃnima mancha púrpura o carmesà que le diera un poco de color. Al pensar en su vida futura, presentÃa que todo permanecerÃa igual hasta que no fuera más que una hoja solitaria aferrada a una marchita rama invernal. Cuando una mujer toma conciencia de que no tiene motivos para vivir —ni amor, ni deber, ni propósito, ni esperanza— asume para sà misma la amargura de la muerte.
«Y solo me resta seguir viviendo porque no puedo detenerme. Es muy posible que me toque vivir ochenta largos años —pensó Valancy en una suerte de pánico—. Todos en esta familia vivimos una larga vida; me pone realmente enferma solo pensar en ello».