Valancy Stirling
Valancy Stirling Se alegró de que lloviznara —o más bien se sintió tristemente satisfecha de que lo hiciera—. No habrÃa picnic ese dÃa. Ese picnic anual con el que la tÃa y el tÃo Wellington —siempre se pensaba en ellos en este orden— recordaban irremediablemente su compromiso celebrado treinta años antes, habÃa sido en los últimos tiempos una verdadera pesadilla para Valancy. Por una maliciosa coincidencia del destino se celebraba el mismo dÃa de su cumpleaños y, desde su veinticinco aniversario, nadie dejaba de recordárselo.